Mil Sentires, voces que siguen en escena
En Quito, la Red Coral Mil Sentires reúne a unas 150 personas mayores en siete sedes para cantar, aprender y compartir. Los ensayos también han propiciado nuevas amistades, mientras la continuidad del proyecto enfrenta desafíos de sostenibilidad.
RESPONSABILIDAD SOCIAL
Periodista Andrés Martinez
11/1/20263 min leer
La red coral reúne a alrededor de 150 personas mayores en siete sedes de Quito. Entre música y aprendizajes, sus integrantes construyen vínculos y espacios de participación.
Los ensayos comienzan con ejercicios de vocalización, relajación corporal y juegos escénicos. Luego llega el repertorio: pasillos y pasacalles, entre otras canciones ecuatorianas que los propios participantes han pedido aprender. No se trata solamente de preparar una presentación. Para las personas mayores de la Red Coral Mil Sentires, cantar también significa reunirse, compartir conocimientos y mantener un espacio propio de creación.
La iniciativa congrega a alrededor de 150 personas mayores en siete sedes activas de Quito. Los grupos ensayan por separado y cada domingo se reúnen en un mismo espacio. Allí confluyen experiencias e intereses diferentes. Los ensayos ofrecen distintos aprendizajes y la oportunidad de hacer música en compañía.
Un espacio para participar
Sofía Chuquitarco, directora del colectivo Mil Sentires, entiende el envejecimiento activo desde la posibilidad de seguir tomando parte en la vida cultural. Habla de espacios seguros donde las personas mayores puedan cantar, socializar y desarrollar intereses que quizá habían postergado. Para ella, la edad no debe restringir el acceso al arte: sus integrantes todavía tienen historias y aspiraciones que compartir.
La práctica coral se complementa con ejercicios escénicos y trabajo corporal. En las sedes participan docentes que acompañan el aprendizaje musical y la preparación de las actividades. En uno de los procesos recientes, el grupo también trabaja elementos de danza y actuación para la obra Entre Cristos y Balcones. El canto abre la puerta a otras formas de expresión.
La elección de las canciones también forma parte de esa participación. Sofía explica que el repertorio toma en cuenta los gustos y pedidos de los adultos mayores. Así, quienes integran el coro contribuyen a decidir qué música interpretar y cómo ocupar el escenario.
Lo que continúa después del ensayo
Algunos de los efectos que más aprecia la directora ocurren lejos de una función pública. Ha visto cómo se forman amistades entre participantes que antes no se conocían y que ahora se organizan para encontrarse por su cuenta. A veces el pretexto es volver a ensayar; otras, compartir un café. La relación deja de depender exclusivamente de que exista una clase programada.
También observa aprendizajes musicales. Al inicio, recuerda, eran pocos quienes podían leer partituras; con el trabajo de los docentes y la práctica sostenida, esa habilidad se ha extendido entre los integrantes. Además de compartir canciones, los encuentros les permiten aprender y desarrollar nuevas capacidades.
En torno al coro participan también las familias. Sofía recuerda a hijos vinculados con la música que acompañan a sus padres en su aprendizaje, y a sobrinos que asisten para aplaudir a sus familiares. Esas experiencias muestran otra dimensión del proyecto: la posibilidad de compartir una actividad artística entre generaciones, sin reducir a las personas mayores a un papel de espectadores.
“Siempre queremos que los protagonistas sean ellos.”
El trabajo detrás de las voces
Mil Sentires surge de un colectivo artístico que trabaja en música, artes escénicas, danza y artes plásticas. Su red coral fue impulsada mediante una convocatoria de Proyectos de Iniciativa Ciudadana de la Fundación Teatro Nacional Sucre. Según Sofía, la propuesta recibió recursos no reembolsables que permitieron iniciar actividades educativas y de producción; otras necesidades se han cubierto mediante autogestión.
La operación implica coordinar siete sedes, ensayos, docentes y encuentros conjuntos, calcula que alrededor de 27 personas forman parte del equipo humano que sostiene el proyecto. Esa estructura permite que los participantes se preparen en sus grupos y después compartan el trabajo con el resto de la red. También exige una organización permanente para no interrumpir los procesos iniciados.
La mayor dificultad, explica, es la sostenibilidad. Conservar los espacios, sostener el trabajo educativo y gestionar recursos requiere esfuerzo continuo. El desafío no está, según su experiencia, en la disposición de los adultos mayores para aprender y participar, sino en encontrar condiciones para que el programa pueda mantenerse en el tiempo.
“Quisiera mantener la parte humana.”
Esa preocupación convive con una decisión de fondo: la red no quiere que el escenario sirva únicamente para mostrar el trabajo de docentes o directores. Sofía insiste en que las ideas de los propios integrantes deben tener espacio, incluso cuando propongan nuevas obras o maneras distintas de presentarse. El equipo artístico, señala, debe acompañar esas iniciativas, no sustituirlas.
Las aproximadamente 150 voces reunidas en Quito permiten mirar el envejecimiento activo desde algo concreto: personas que ensayan, aprenden música, establecen amistades y encuentran un lugar para expresarse. El valor de Mil Sentires no termina cuando acaba una función. También está en lo que sus integrantes deciden seguir haciendo después, entre ellos y por iniciativa propia.

Historias, entrevistas y contenidos que conectan con el Ecuador, su gente, su talento y su identidad.
Redacción
+593 99 512 4454
editorial@revistaidentidad.ec
Quito, Ecuador
© 2026 Revista Identidad. Todos los derechos reservados.
Una iniciativa de NIC.EC


