Mama Negra: la tradición que se aprende en Latacunga

La Mama Negra reúne prácticas religiosas, cívicas y comunitarias que mantienen viva la memoria de Latacunga. Entre personajes, jochas y aprendizajes compartidos, la celebración muestra cómo una tradición se transforma y se transmite entre generaciones.

RUTAS 593

GAD Latacunga

11/1/20263 min leer

La Mama Negra comienza mucho antes del desfile. Detrás de los personajes que recorren las calles de Latacunga hay compromisos que asumir, plegarias que aprender, movimientos que ensayar y elementos de la fiesta que preparar. La celebración permanece porque su dimensión pública está sostenida por una trama de participación comunitaria.

Septiembre y noviembre: dos formas de celebrar

En septiembre, la Mama Negra tiene un sentido principalmente religioso. Está vinculada a la devoción a la Virgen de las Mercedes y a la participación de comerciantes, vivanderas y otros sectores de la comunidad. El entorno de La Merced y espacios tradicionales como El Salto forman parte de esa memoria festiva, en la que las prácticas de colaboración acompañan las expresiones de fe.

En noviembre, en cambio, predomina su dimensión cívica, relacionada con la conmemoración de la Independencia de Latacunga. La organización municipal y la designación de personajes adquieren mayor visibilidad. Aunque ambas manifestaciones comparten figuras y expresiones culturales, no son celebraciones idénticas ni funcionan con las mismas responsabilidades.

No existe una explicación histórica única sobre su origen. Algunas tradiciones lo vinculan con la devoción a la Virgen ante la actividad del Cotopaxi; otras interpretaciones examinan la presencia afrodescendiente y la formación cultural progresiva. El Instituto Nacional de Patrimonio Cultural reconoce la fiesta como patrimonio cultural inmaterial del Ecuador por su valor como memoria colectiva.

Personajes que cuentan una historia

La Mama Negra es la figura central de la representación. Tradicionalmente la interpreta un hombre con vestimenta femenina y una caracterización ritual particular; lleva consigo a Baltasara, una muñeca que forma parte de sus elementos distintivos. Su presencia reúne teatralidad, humor e interacción con el público, dentro de una tradición cuyos símbolos deben leerse en su contexto histórico y cultural.

El Capitán representa una autoridad ceremonial; el Ángel de la Estrella declama plegarias; el Rey Moro participa con alabanzas, y el Abanderado rinde honores con movimientos de una bandera multicolor. Esos papeles no se limitan a la indumentaria: cada uno tiene funciones y conocimientos que los participantes deben preparar.

La celebración incluye otras formas de participación: los huacos realizan limpias simbólicas de protección; los ashangueros transportan alimentos y elementos festivos; y los champuseros preparan o reparten champús, bebida tradicional a base de maíz. Estas figuras incorporan conocimientos rituales, trabajo físico y gastronomía a una manifestación que va mucho más allá de los personajes principales.

La Mama Negra se sostiene tanto en sus personajes como en los conocimientos y compromisos de quienes participan.

Las jochas, mucho más que una invitación

La jocha es una solicitud formal de participación o colaboración con la fiesta. Puede involucrar a familias, personajes, instituciones y otros aportantes, e implica compromisos organizativos o materiales según el contexto. Más que una invitación, expresa las relaciones y responsabilidades necesarias para preparar la celebración.

En la manifestación de septiembre, esas relaciones se vinculan principalmente con la devoción, el priostazgo y la colaboración comunitaria. En noviembre, la jocha adopta una dimensión pública e institucional más marcada, asociada a los personajes designados y a la organización cívica. La práctica conserva la idea de compromiso, aunque sus formas y su sentido han cambiado con el tiempo.

Una tradición que se aprende

La transmisión cultural puede observarse en acciones concretas. El Ángel de la Estrella debe conocer las plegarias que declama; el Abanderado practica las secuencias de su intervención durante meses. Los guiadores y acompañantes también cumplen responsabilidades que se aprenden mediante la participación. Así, la experiencia acumulada contribuye a sostener papeles que requieren memoria, coordinación y preparación.

La indumentaria forma parte de ese aprendizaje. Bordados, pañolones, máscaras y coronas requieren conocimientos de elaboración y conservación. Investigaciones académicas muestran que los trajes expresan significados culturales y cambian con el tiempo: mantener la tradición no equivale a repetir sin variaciones todos sus detalles.

La ciudad como parte de la celebración

La relación con Latacunga no se limita al recorrido de la comparsa. El sector de La Merced conserva referencias devocionales; El Salto aparece ligado a la participación de comerciantes y vivanderas; el centro histórico reúne expresiones de la dimensión cívica. Calles, plazas y barrios tienen sentidos diferentes dentro de la memoria local, aunque no todos formen parte de un mismo recorrido.

La música acompaña plegarias, homenajes y desplazamientos, mientras que alimentos como el champús acercan la celebración a prácticas culinarias compartidas. Son elementos que cobran significado junto a quienes los preparan, interpretan y transmiten. Reducir la Mama Negra a vestimenta vistosa y movimiento de comparsas dejaría fuera buena parte del trabajo que la sostiene.

Entre septiembre y noviembre, Latacunga expresa dos dimensiones de una tradición que no ha dejado de transformarse. Su continuidad no depende únicamente de preservar personajes reconocibles: depende de que sigan existiendo compromisos, preparación y espacios para aprender. Allí, en el vínculo entre ritual, comunidad y memoria, la Mama Negra encuentra su sentido como fiesta viva.