Lunae, renovar sin perder el legado

Después de casi cuatro décadas, Lunae recibe a una segunda generación que busca modernizar la empresa familiar sin abandonar su esencia artesanal y humana.

PERFILES.EC

8/12/20263 min leer

Lunae nació en 1988 a partir de una idea que Laura Luna Gaibor descubrió durante su estancia en México, país al que viajó para especializarse como cirujana plástica. Allí conoció una manera distinta de trabajar la plata: piezas de mayor volumen, diseños llamativos y una variedad que todavía no encontraba en Ecuador.

Lo que comenzó como una oportunidad identificada lejos de casa terminó convirtiéndose en una empresa familiar ecuatoriana que se ha mantenido durante casi cuatro décadas. Actualmente, Lunae cuenta con cinco locales, conserva su apuesta por el trabajo artesanal y atraviesa una nueva etapa con la incorporación de los hijos de su fundadora, Gerardo y David Gutiérrez. Después de la pandemia, Laura decidió concentrarse por completo en la joyería. Gerardo, ingeniero físico, y David, economista, se integran desde profesiones diferentes con el reto de aportar nuevas herramientas y conocimientos sin borrar la historia que permitió construir la empresa.

Una oportunidad en la plata

Durante su infancia, Laura recuerda que en Ecuador se utilizaba principalmente oro de 18 quilates. La plata estaba presente en objetos del hogar, como cubiertos y pequeños jarrones, pero tenía menos protagonismo dentro de la joyería.

El contraste apareció cuando llegó a México y encontró una mayor variedad de cadenas, accesorios y piezas trabajadas en plata. Allí observó una industria en crecimiento y entendió que ese tipo de productos podía encontrar un espacio en Ecuador. La idea no consistía únicamente en importar una tendencia, sino en desarrollar una propuesta que pudiera evolucionar con el tiempo e incorporar conocimientos, diseños y trabajo local.

La segunda generación

Gerardo y David crecieron observando el esfuerzo que implicaba sostener una empresa familiar. Ahora se incorporan desde áreas profesionales diferentes y con la intención de aportar nuevas perspectivas. Sus conocimientos pueden contribuir a la organización, el análisis y la modernización de la compañía, pero ambos comprenden que recibir una empresa familiar implica mucho más que asumir un puesto administrativo.

Uno de los mayores valores de la historia de Lunae está en el ejemplo de Laura, quien inició el negocio en una época en la que las mujeres tenían menos espacios para liderar empresas y apostó por un material que todavía no recibía suficiente reconocimiento en el país.

“El reto es aportar nuevas ideas sin perder la esencia de la empresa”.

La nueva generación tiene ahora el desafío de incorporar tecnología, mejorar los procesos y responder a los cambios del mercado sin romper con la esencia que sostuvo a la empresa durante casi cuatro décadas.

Manos de dos países

La propuesta de Lunae también se ha construido a partir de la colaboración entre conocimientos y manos de diferentes lugares. La experiencia de la joyería mexicana sigue siendo parte de la marca, pero con el tiempo se incorporó también el trabajo de artesanos ecuatorianos.

Esta combinación permite desarrollar piezas basadas en lo que la empresa imagina y desea ofrecer a sus clientes, manteniendo la calidad, presentando diseños diferentes y garantizando la pureza de los materiales. La alianza entre el trabajo mexicano y ecuatoriano no busca eliminar las particularidades de cada tradición, sino reunir experiencias y técnicas para crear una propuesta propia.

El valor de lo artesanal

Lunae trabaja con plata 925 y, en determinadas piezas, con plata 990. Sin embargo, la calidad de una joya no depende únicamente del metal utilizado. La intervención del artesano permite que cada creación tenga características propias. Aunque dos piezas partan del mismo diseño, nunca resultan completamente idénticas. Cada una conserva pequeñas diferencias que reflejan el trabajo de la persona que la elaboró.

“Una joya está ligada a emociones y momentos especiales. Su significado va más allá del metal”.

Para Laura, en una joya existe una parte de la vida, el conocimiento y la emoción del artesano. Ese valor continúa cuando la pieza llega a una persona: puede ser un regalo, una compra personal o un objeto que pasa de una generación a otra y termina ligado a recuerdos, celebraciones y momentos importantes.

Mujeres que sostienen Lunae

Las mujeres han ocupado un lugar central en Lunae desde su fundación. La empresa fue iniciada y dirigida por Laura y actualmente cerca del 90 % de su equipo está conformado por mujeres, muchas de ellas cabezas de hogar.

Para la compañía, este dato implica una responsabilidad porque detrás de cada trabajadora existe una familia que depende de sus ingresos. Por eso, la estabilidad, el cumplimiento de las condiciones laborales y las oportunidades de crecimiento forman parte de la gestión empresarial.

Lunae entra ahora en una etapa distinta: tendrá que modernizar procesos y adaptarse a nuevos consumidores, pero sin abandonar el trabajo artesanal, la relación humana y el legado que la han acompañado desde 1988.