Laura Luna, el talento detrás del metal, ella es quien da vida a lunae.ec

La fundadora de Lunae convirtió una oportunidad descubierta en México en una empresa familiar ecuatoriana que hoy se acerca a cuatro décadas de trayectoria.

PERFILES.EC

Periodista Andrés Martinez

9/1/20264 min leer

Lunae nació en 1988 y hoy atraviesa una nueva etapa. La empresa mantiene su apuesta por la joyería artesanal, combina el trabajo de artesanos mexicanos y ecuatorianos y abre espacio a una segunda generación con la incorporación de Gerardo y David Gutiérrez, hijos de su fundadora. Su presencia digital se articula también a través de lunae.ec, mientras la empresa busca adaptar su gestión a nuevos consumidores y herramientas.

En esta conversación, Laura Luna Gaibor habla sobre el origen de Lunae, el relevo generacional, el valor del trabajo artesanal, el papel de las mujeres dentro de la empresa y el reto de cambiar sin perder la esencia.

Laura, Lunae nació en 1988. ¿Cómo apareció la idea de crear la empresa?

La idea apareció durante mi estancia en México, adonde había viajado para especializarme como cirujana plástica. Allí encontré una manera distinta de trabajar la plata: había piezas de mayor volumen, cadenas, accesorios y una variedad que todavía no encontraba de la misma manera en Ecuador. Vi una industria que estaba creciendo y entendí que ese tipo de productos podía tener un espacio en el país.

Durante mi infancia, en Ecuador el oro de 18 quilates tenía mucho protagonismo. La plata estaba presente, pero la recuerdo más en objetos del hogar, como cubiertos o pequeños jarrones. Encontrarme en México con otra forma de trabajarla me permitió reconocer una oportunidad.

¿Qué hizo que esa oportunidad se convirtiera en una empresa que ha logrado mantenerse durante casi cuatro décadas?

Con el tiempo fuimos construyendo una propuesta propia. No se trataba solamente de traer algo que había visto fuera del país, sino de desarrollar productos que pudieran evolucionar y responder a lo que buscaban nuestros clientes.

Los almacenes fueron creciendo y la marca tuvo una buena acogida porque presentaba piezas diferentes a las que se encontraban habitualmente. También ha sido importante mantener la calidad, cuidar los materiales y conservar una relación cercana con las personas. Una empresa que permanece tantos años necesariamente tiene que cambiar, pero también tiene que reconocer cuáles son las cosas que forman parte de su esencia.

Durante muchos años combinaste la medicina con Lunae. ¿En qué momento decidiste concentrarte por completo en la empresa?

Hasta antes de la pandemia dividía mi tiempo entre la cirugía plástica y la administración de Lunae. Después decidí dedicarme principalmente a la joyería.

Fue un momento importante porque la empresa también estaba entrando en una etapa distinta y requería mayor atención. Ahora aparece un nuevo cambio con la incorporación de mis hijos. Gerardo es ingeniero físico y David es economista, y llegan desde profesiones diferentes que pueden aportar nuevas herramientas y conocimientos a la empresa.

¿Qué significa para ti que una segunda generación empiece a asumir responsabilidades dentro de Lunae?

Es una satisfacción que un proyecto que comenzó hace tantos años tenga la posibilidad de continuar. Gerardo y David crecieron viendo el esfuerzo que significa sostener una empresa familiar y ahora pueden aportar desde sus propias capacidades.

El desafío está en encontrar un equilibrio. Una nueva generación tiene que traer otras ideas, herramientas y formas de trabajar, pero sin desconocer la historia que permitió construir la empresa. Hoy existen oportunidades para incorporar tecnología, organizar mejor los procesos, analizar información y responder a los cambios del mercado. Todo eso puede ayudar a profesionalizar Lunae sin perder el componente familiar y artesanal que la ha acompañado desde el principio.

“El reto es aportar nuevas ideas sin perder la esencia de la empresa”.

Lunae combina trabajo mexicano y ecuatoriano. ¿Cómo se construyó esa relación dentro de la marca?

La experiencia de la joyería mexicana ha estado presente desde el origen de Lunae, pero con los años también incorporamos el trabajo de artesanos ecuatorianos. Esa combinación nos permite desarrollar piezas basadas en lo que imaginamos y queremos ofrecer a nuestros clientes, manteniendo la calidad y cuidando la pureza de los materiales.

No buscamos que una tradición elimine a la otra. Son conocimientos y técnicas diferentes que pueden encontrarse para crear una propuesta propia. Además, trabajar con artesanos significa respaldar a personas que conservan conocimientos vinculados a este oficio y que dependen de él para sostener a sus familias.

En una época de producción masiva, ¿por qué sigue siendo importante para ustedes mantener el trabajo artesanal?

Porque la intervención del artesano hace que cada pieza tenga características propias. Trabajamos con plata 925 y, en determinadas piezas, con plata 990, pero el valor de una joya no depende solamente del metal. También importa quién la trabajó, el conocimiento que existe detrás y la manera en que se ejecuta cada diseño. Incluso cuando dos piezas parten de una misma idea, no siempre terminan siendo completamente idénticas.

Esas pequeñas diferencias también hablan de que hubo una persona detrás del proceso. El trabajo artesanal aporta algo que va más allá de fabricar un objeto. Hay conocimiento, experiencia y tiempo incorporados en cada pieza.

Has señalado que una joya termina vinculándose con las emociones de quien la recibe. ¿Qué representa para ti esa relación?

Una joya puede llegar como un regalo, como una compra personal o convertirse después en un objeto que pasa de una generación a otra. Termina relacionada con recuerdos, celebraciones y momentos importantes en la vida de las personas. Por eso su significado no está únicamente en el material. Existe también una relación emocional con quien la escoge, la entrega o la conserva.

“Una joya está ligada a emociones y momentos especiales. Su significado va más allá del metal”.

Las mujeres representan cerca del 90 % del equipo de Lunae. ¿Qué significa eso para la empresa?

Las mujeres han ocupado un lugar central en Lunae desde su fundación. Actualmente, cerca del 90 % del equipo está conformado por mujeres y muchas de ellas son cabezas de hogar. Eso implica una responsabilidad porque detrás de cada trabajadora también existe una familia que depende de sus ingresos. Por eso son importantes la estabilidad, el cumplimiento de las condiciones laborales y las posibilidades de aprendizaje y crecimiento dentro de la empresa.

También considero que las mujeres aportan sensibilidad y una comprensión especial de esa relación emocional que existe entre una persona y una joya. Esa mirada aparece tanto en la atención al cliente como en la manera de presentar cada producto.

Hoy tienen cinco locales, una segunda generación involucrándose y una empresa que debe adaptarse a nuevos consumidores. ¿Cuál es el principal reto de Lunae hacia adelante?

Seguir evolucionando sin perder aquello que nos permitió llegar hasta aquí. Tenemos que modernizar procesos, incorporar nuevas herramientas y responder a consumidores que también están cambiando. La incorporación de una nueva generación forma parte de ese proceso. Pero al mismo tiempo debemos conservar el trabajo artesanal, la calidad de los materiales, la relación humana con nuestros clientes y el legado construido desde 1988. La modernización tiene sentido si permite fortalecer la empresa, no si elimina su identidad.