Kevin Beltrán, una carrera que vuelve a empezar

Desde Cayambe hasta los escenarios de Estados Unidos, Kevin Beltrán ha tenido que empezar de nuevo. Entre la música urbana, las dificultades de emigrar y el vínculo con Ecuador, redefine su camino artístico.

ORGULLOSAMENTE ECUATORIANO

Periodista Andrés Martinez

11/1/20263 min leer

Kevin Beltrán ya había recorrido escenarios en Ecuador cuando decidió mudarse a Estados Unidos. Había cantado desde niño, participado en concursos y tocado con otros músicos. Pero llegar a una industria más grande no significó continuar donde había quedado: tuvo que sostenerse, encontrar espacios para presentarse y abrirse paso entre una competencia intensa. Ahora, mientras concentra sus esfuerzos en la música urbana, reconoce que su carrera atraviesa otro comienzo.

La música antes de los escenarios

Conserva fotografías de cuando tenía dos años con un micrófono en la mano y recuerda que su primera grabación de estudio llegó alrededor de los seis. A los catorce firmó un contrato con una disquera. Más adelante, los concursos intercolegiales le permitieron medir sus capacidades junto a otros músicos y comprender la preparación que exige subir al escenario.

Participó por primera vez en Suena Pichincha en 2014 y ganó el festival en 2018 como integrante de una banda. Ensayaron durante meses y recibieron clases de canto. En la final, Beltrán asumió principalmente el papel de baterista, aunque también cantó una parte. Esa experiencia le permitió entender que podía aportar a la música desde distintos lugares del escenario.

El premio incluyó un viaje a Bogotá, donde tocaron en el festival CREA, en el Parque Simón Bolívar. Conocer a otros músicos fuera de Ecuador amplió sus expectativas. Conserva aquella etapa como el momento en que empezó a imaginar una vida dedicada a la música.

“Eso fue parte de lo que me mostró que podía vivir de la música”.

Volver a construir lejos de casa

En 2020, la pandemia dificultó la actividad de la que también dependían sus ingresos. Beltrán optó por buscar oportunidades en Estados Unidos para acercarse a una industria más amplia. El cambio le reveló, sin embargo, que un mercado mayor también significa competir con muchos artistas que persiguen objetivos similares.

Antes de impulsar su proyecto propio tenía que resolver lo inmediato: trabajo, vivienda, alimentación y adaptación. Calcula que ese aprendizaje le tomó alrededor de dos años y medio. Encontrar un restaurante donde pudiera cantar fue una de las primeras oportunidades para retomar su actividad musical.

Después cantó en casas y celebraciones privadas para públicos colombianos, mexicanos, peruanos y chilenos. Interpretó salsa, cumbia y merengue. No le resultaba ajeno cambiar de ritmo: asegura que nunca se definió por un solo género. Esas presentaciones le permitieron sostenerse mientras buscaba cómo desarrollar su propia música.

La distancia, sin embargo, tiene un costo que no desaparece con más actuaciones. Beltrán admite que extraña a su familia, especialmente a su madre. Había construido cierto recorrido en Ecuador y ahora siente que comienza de cero en otro país. No presenta esta etapa como un triunfo concluido, sino como un esfuerzo que mezcla oportunidades profesionales y dificultades emocionales.

“Es un nuevo inicio, pero con el corazón hecho puño a ratitos”.

Encontrar un sonido propio

Aunque ha trabajado con ritmos diferentes, el reggaetón ocupa un lugar particular en sus planes. Era un género que le atraía desde niño y en el que ahora quiere concentrar su proyecto como solista. El cambio no borra la música que ha interpretado antes, pero sí marca dónde quiere poner su atención creativa.

En ese proceso comenzó su trabajo con Tonero, con quien señala haber colaborado durante unos dos años en giras en Estados Unidos. Ese vínculo lo acercó a Hits League y a sesiones de trabajo en Los Ángeles. Allí prepararon varias canciones, entre ellas «Falda», «Delito» y «Aquí Todas Perrean»: un afrobeat, un reggaetón más comercial y un tema orientado a la pista de baile.

«Falda» nació de una pregunta en el estudio: qué sonido no había probado todavía. Junto con el equipo de Hits League decidió explorar el afrobeat con un aire tropical. Dice que se sintió cómodo con el resultado. Más allá de publicar canciones, busca comprobar qué puede aportar a su repertorio después de años de cantar estilos distintos.

Entre las presentaciones que recuerda está la ocasión en que abrió un espectáculo de Maelo Ruiz. Compartir tiempo con el salsero tras bambalinas le permitió observar la organización que rodea a un artista de mayor trayectoria. Para él, aprender también significa mirar cómo trabajan otros músicos.

Lo que cambia con la distancia

Al comparar al joven que empezó a hacer música en Cayambe con el artista que es hoy, habla de madurez. Vivir fuera de Ecuador cambió su manera de pensar la carrera y valorar la formación. Ahora presta más atención al estudio, la preparación vocal y la necesidad de mejorar. Esa disposición convive con su decisión de dar prioridad al repertorio propio.

Su relación con Ecuador sigue presente en ese horizonte. Cuando decidió salir, también pensaba en la posibilidad de regresar algún día y aportar a la industria musical del país. No habla de una fecha ni de un proyecto ya realizado: es una intención que conserva mientras trabaja fuera. Entre lo aprendido en los escenarios ecuatorianos y lo que intenta construir en Estados Unidos, Kevin Beltrán descubre que avanzar también puede significar comenzar otra vez, con más herramientas y una idea más clara de la música que quiere hacer.