Jacob Siza: diseño ecuatoriano detrás de Andes Home

En preguntas y respuestas, Jacob Siza recorre el paso del taller familiar de Riobamba a Andes Home & Design y su propuesta de mobiliario contemporáneo. También aborda el trabajo artesanal y los desafíos de crecer en Cumbayá.

PERFILES.EC

Periodista Andrés Martinez

11/1/20264 min leer

El taller familiar de Riobamba fue el punto de partida de Andes Home & Design. Jacob Siza, hoy director creativo, ha impulsado una nueva identidad para el negocio a partir del mobiliario contemporáneo y los oficios artesanales. La empresa muestra sus colecciones en andeshome.ec y abrió un espacio en Cumbayá para llegar a otro público.

¿Qué heredaste del taller de tus padres y cuándo decidiste darle una identidad propia a Andes Home?

Mis padres siempre han trabajado de forma muy transparente. Cuidaban muchísimo los detalles, la manufactura y las garantías. A pesar de ser un taller artesanal, innovaban bastante. De mi mamá viene la creatividad y esa forma auténtica de hacer diseños; de mi papá, la visión de negocio y el cuidado de las garantías. Eso heredamos.

Cuando estaba terminando el colegio empecé a interesarme mucho por las marcas. Me pregunté si sería posible registrar Andes. Iniciamos el proceso y lo logramos después de un año. Conservamos el nombre que el negocio había tenido desde el inicio, pero le dimos otra dirección y un concepto diferente.

¿Cuál es tu papel actual como director creativo?

De mí dependen muchísimo las colecciones que salen y la identidad principal de Andes. Queremos mostrar que Ecuador tiene muchísimo que ofrecer en materiales y diseño. Nos interesa recuperar oficios como el hilado, el tejido y el tallado, y llevarlos a un mobiliario más contemporáneo.

En Cumbayá, nuestro público incluye principalmente a extranjeros que viven en Ecuador. Me llama la atención cómo valoran los materiales y los oficios locales. A veces nosotros, por tenerlos cerca, no los apreciamos de la misma manera. Buscamos que esas técnicas tengan una expresión actual y puedan conectar también con ese público.

“De mí dependen muchísimo las colecciones que salen y la identidad principal de Andes.”

¿Qué fue lo más difícil de cambiar el rumbo de un negocio familiar?

Desapegarnos un poco de la manera tradicional de trabajar de mis padres. La parte fuerte fue darle otra forma y otro fondo a la marca. Registrar el nombre y abrir la tienda en Cumbayá fueron decisiones que marcaron esa transformación.

En mi familia hubo cierto choque porque estaban acostumbrados a una forma de hacer mobiliario y ahora la marca tenía otra visión. Muchas de esas decisiones pasaban a estar en mis manos. Creo que esa ha sido una de las partes más difíciles: cambiar la dirección del negocio sin dejar de reconocer de dónde viene.

¿Cómo llevas las referencias ecuatorianas al diseño contemporáneo?

Me gusta estudiar lo que ocurre con el interiorismo y el mobiliario en otras partes del mundo, pero también mirar los materiales, la inspiración y la mano de obra que tenemos aquí. En México conocí una marca que trabajaba con su tradición y sus materiales. Pensé que Ecuador también tenía mucho por mostrar.

No digo que hayamos creado una tendencia. Se trata de entender lo que está pasando en el diseño y adaptarlo a nuestra cultura y a nuestro entorno. Hay bastante prueba y error, y debemos encontrar artesanos que quieran experimentar con nosotros. No siempre es fácil, pero ese proceso nos ha permitido colaborar con personas que transforman las piezas en algo que, para mí, también es arte.

¿Qué pieza resume esa colaboración con los artesanos?

Trabajamos con artesanos que tradicionalmente tallan imágenes religiosas. Tienen un conocimiento muy preciso de las proporciones de las manos y los rostros. Con ellos desarrollamos una pieza tallada en forma de mano, pero pensada como asiento.

La referencia venía de una obra que habíamos conocido fuera del país. La llevamos a una interpretación local, con el talento de artesanos ecuatorianos. Me interesa que un oficio que se utilizaba para ciertos objetos pueda encontrar nuevos usos, sin perder el trabajo manual que lo hace posible.

¿Por qué volver a materiales y técnicas que se usan cada vez menos?

Muchos materiales tuvieron una función cotidiana y fueron desplazados por otros. Pienso, por ejemplo, en el carrizo, que antes se utilizaba para construir o para hacer canastas. Hoy muchas de esas cosas fueron reemplazadas por plástico.

Nosotros buscamos darles otra mirada. En vez de pensar solamente en su uso original, podemos trabajarlos de una forma más escultórica o decorativa. Nos interesan materiales orgánicos que, en lo posible, puedan reciclarse. Pero lo esencial es rescatar también los conocimientos y las técnicas que están detrás de ellos.

¿Qué cuesta más al explicar el valor de una pieza artesanal?

Creo que nos falta valorar lo que tenemos. A veces, cuando alguien escucha que un objeto es artesanal o local, piensa automáticamente que debería costar menos. Para mí el desafío es educarnos primero nosotros y después ayudar al cliente a entender lo que está comprando.

Nuestro objetivo no es crear productos en masa, porque creo que ahí se pierde la esencia. Cuando una pieza pasa por las manos de un artesano, tiene detalles que pueden parecer defectos, pero detrás hay tiempo, esfuerzo e historias. No buscamos cosas perfectamente uniformes ni queremos presionar al artesano para conseguirlas. Queremos que se valore el oficio.

“Nuestro objetivo no es crear productos en masa, porque creo que ahí se pierde la esencia.”

¿Cómo equilibran los tiempos de producción con las expectativas del cliente?

Sacamos colecciones, pero muchas piezas no están en stock: las hacemos bajo pedido. Las mostramos en nuestra página web mediante fotografías y videos de proyectos que ya hemos realizado. Quien quiere una pieza acepta las condiciones y las fechas de entrega, porque estos procesos llevan tiempo.

Por ejemplo, las piezas talladas con forma de mano pueden tomar de tres a cuatro meses. Las trabajamos por lotes, según la temporada. El negocio nos ha enseñado a fijar esos límites y a explicar por qué no todo puede hacerse de inmediato: acelerar ciertos procesos termina afectando la calidad y el resultado. La persona que compra debe saber de antemano lo que implica esa espera.

¿Qué cambió al pasar de Riobamba a Cumbayá y cómo se acercan hoy a sus clientes?

Ha sido un reto hasta hoy. Ya en Riobamba empezamos a usar redes sociales, pero al llegar a Cumbayá cambió prácticamente todo: precios, comunicación, presentación, logística y público. También nos exigió crear contenido acorde con lo que queríamos ofrecer y cuidar más la forma en que se muestra cada pieza.

Elegimos Cumbayá porque buscábamos llegar a personas con una mayor capacidad de gasto y que valoraran una marca con una propuesta detrás. En las exposiciones y en la tienda he conocido clientes que ven los objetos más allá de su función. Las redes también nos han permitido llegar a otras partes del Ecuador. Para mí es importante que quien se acerca a Andes entienda la historia, los materiales y el trabajo que hay detrás del mobiliario.