HebraViva, crear con el territorio
Claudia León transforma lana, color y memoria en piezas de tufting inspiradas en Ecuador, mientras construye una marca artesanal conectada con el territorio.
HECHO EN ECUADOR
Periodista Andrés Martinez
10/1/20263 min leer
Antes de trabajar con una pistola de tufting, Claudia León pasó por la pintura, las gorras intervenidas a mano y el bordado. Estudió publicidad, pero desde hace más de cinco años se dedica a las artes. HebraViva nació de ese recorrido: no como una marca planeada de un día para otro, sino como una búsqueda que fue cambiando de técnica hasta encontrar en las hebras una nueva forma de construir imágenes.
Crear antes que repetir
Claudia recuerda que fue en Otavalo donde encontró el espacio para desenvolverse y usar su energía para crear. Primero pintó. Después nació Capullo, un proyecto de gorras pintadas a mano. Más tarde llegó a un taller de bordado y tuvo por primera vez las hebras entre las manos. Del bordado pasó al tejido; luego al punch needle y, hace dos años, al tufting, técnica con la que decidió quedarse por las posibilidades que le ofrecía.
El nombre HebraViva resume esa relación con el hacer. Para Claudia, la obra cobra vida mientras ella la construye y vuelve a hacerlo cuando llega a una pared, una casa o una persona distinta. Esa idea también explica por qué no busca producir piezas idénticas. Incluso cuando alguien solicita un diseño similar a otro, repetirlo exactamente resulta casi imposible.
“Estoy viva yo mientras hago y también es poderle dar vida a una pieza de cero.”
Ese carácter único no apareció resuelto desde el comienzo. Entre la primera pieza y las actuales, reconoce una distancia marcada por la prueba y el error: encontrar un soporte capaz de resistir la fuerza de la herramienta, escoger la lana adecuada, definir el gramaje y mejorar los acabados. Parte del aprendizaje ha consistido en entender el material mientras trabaja con él.
De la pantalla al telar
Cuando una pieza nace de una idea propia, el proceso comienza en una tableta. En Procreate prueba elementos, los combina y decide colores. Después transfiere el diseño al yute, el soporte colocado en el telar, y comienza a introducir las hebras con la pistola.
La comparación que utiliza para explicar el proceso viene de su etapa anterior: la pistola funciona como un pincel y las lanas como pintura. Una vez terminada la composición, aplica un adhesivo en la parte posterior y pasa al rasurado, que permite definir volúmenes, texturas y mayor nitidez. Finalmente coloca un sello antes de dar por terminada la pieza.
El yute y la lana también forman parte de la relación de HebraViva con Otavalo. Claudia procura conseguir allí los materiales y presta especial atención a la resistencia del soporte. Prefiere trabajar con lana natural de oveja por su apariencia más rústica y la intensidad de sus colores, además de seleccionar un gramaje grueso que dé presencia a la pieza.
Ecuador como punto de partida
La inspiración comenzó con elementos cercanos: colibríes, maíz, llamas. Con el tiempo, esos motivos dejaron de ser únicamente figuras y empezaron a convertirse en historias. Dos llamas podían hablar de amor; un colibrí adulto y otro pequeño, unidos por hebras, podían representar el vínculo entre madre e hijo.
Después llegaron los mapas. Primero el de Ecuador, compuesto por elementos que Claudia relaciona con sus raíces y recuerdos; luego uno de Latinoamérica, donde incorporó referencias a los Andes, el Amazonas, la selva, el cóndor, las flores y la fauna. Su interés no está solamente en reproducir una geografía, sino en convertirla en memoria tangible.
“Me parece muy difícil no conseguir inspiración en el Ecuador.”
Esa conexión también aparece en la reacción de clientes que viven fuera del país. Claudia cuenta que una de las cosas que más le sorprende es ver cómo una obra creada en sus manos puede terminar al otro lado del mundo. En esos casos, ha reconocido que el valor no está únicamente en el objeto, sino en conservar cerca una referencia a su lugar de origen.
Una marca que todavía está creciendo
HebraViva también ha ampliado los formatos. Además de tapices y alfombras, Claudia desarrolló una colección de carteras con la misma técnica. Para ella, esa posibilidad demuestra el carácter multifacético del tufting: la pieza puede mantener una dimensión artística y, al mismo tiempo, convertirse en un objeto de uso cotidiano.
El crecimiento ha requerido paciencia. Darse a conocer fue una de las dificultades iniciales. La experiencia previa con Capullo le enseñó a utilizar las redes sociales, especialmente Instagram, no solo para mostrar el resultado final, sino también el proceso y a la persona detrás de cada obra. Para Claudia, comunicar quién crea, de dónde vienen las ideas y qué valores sostienen el trabajo es parte de la conexión con el público.
No tiene una ruta cerrada para los próximos años. Quiere que Hebra Viva siga expandiéndose y se mezcle con otras técnicas. Ya experimenta con hebras, tejido y pintura, y prefiere dejar abierta la posibilidad de que una práctica conduzca a la siguiente.
En una marca construida desde la exploración, esa parece ser la continuidad más clara: seguir probando sin perder el vínculo con el territorio, el color y las historias que dieron origen a las primeras piezas.









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