Fundación Don Bosco: educación, cuidado y nuevas oportunidades para la niñez
Desde Calderón y Chillogallo, la Fundación Don Bosco acompaña a niños, adolescentes y familias con educación, alimentación, salud y apoyo psicológico.
RESPONSABILIDAD SOCIAL
Andrés Martinez
8/12/20263 min leer
La historia de la Fundación Don Bosco empezó antes de su constitución formal. A mediados de la década de 1990, benefactores alemanes vinculados con la comunidad salesiana conocieron distintas realidades sociales del Ecuador y llegaron hasta Calderón, una zona que entonces enfrentaba poca infraestructura, asentamientos informales y limitadas oportunidades laborales. Allí identificaron una necesidad concreta: muchas madres debían trasladarse durante varias horas hasta Quito para trabajar y necesitaban un espacio seguro donde dejar a sus hijos. La iniciativa comenzó atendiendo a alrededor de 25 o 30 niños y, el 6 de marzo de 2002, se constituyó oficialmente la Fundación Don Bosco.
Jonathan Arturo Vivas Herrera, director y representante legal de la organización, explica que el trabajo fue creciendo conforme cambiaban las necesidades de las familias. Lo que inicialmente funcionó como un centro infantil incorporó acompañamiento en tareas, retroalimentación académica, educación en valores y otras formas de apoyo. Actualmente, la sede de Calderón atiende a 120 niños y, para el año lectivo 2026-2027, la fundación proyecta llegar a 170 beneficiarios: 110 dentro del centro infantil y otros 60 mediante su proyecto de educación no formal.
“Más que ofrecer servicios, la fundación busca que cada niño crezca con cuidado, educación, salud y sentido de pertenencia”.
Acompañamiento más allá del aula
Las situaciones que enfrentan las familias no se limitan a la falta de recursos económicos. La fundación trabaja con hogares sostenidos por empleos informales, familias numerosas que viven en condiciones precarias, personas con dificultades para acceder a servicios de salud y niños cuyo proceso educativo puede verse afectado por las necesidades económicas del hogar. Frente a ello, la organización mantiene dos líneas principales de trabajo: la atención a la primera infancia y la educación no formal para niños y adolescentes.
El acompañamiento incluye educación, alimentación, seguimiento de salud y atención psicológica. En Calderón se realizan controles sanitarios que pueden desarrollarse una o dos veces por semana, mientras que en Chillogallo se efectúan revisiones periódicas. El objetivo es que los niños no solamente cuenten con un espacio donde permanecer durante el día, sino con un entorno seguro que acompañe diferentes aspectos de su desarrollo. Este trabajo se apoya en principios del sistema preventivo salesiano e involucra también a las familias mediante un modelo de corresponsabilidad.
Uno de los avances más importantes de la organización fue la construcción en Calderón de un edificio valorado en aproximadamente 1,3 millones de dólares, denominado por los donantes como el “Palacio de los Niños”. El espacio fue pensado para que los beneficiarios puedan aprender, alimentarse, jugar e interactuar en condiciones adecuadas de cuidado.
Alianzas que amplían el impacto
La sostenibilidad continúa siendo uno de los principales desafíos. Según Vivas, cerca del 95 % de los recursos de la fundación proviene de donaciones internacionales y alrededor del 5 % corresponde a aportes acordados con las familias para cubrir necesidades inmediatas. Ante esta realidad, las alianzas con otras instituciones se han convertido en una herramienta importante para ampliar los servicios y generar nuevas oportunidades.
Universidades e institutos de educación superior participan mediante prácticas y proyectos de vinculación que han permitido acompañar a los beneficiarios, pintar espacios, reparar juegos infantiles y mejorar recursos destinados al comedor. A esto se suma “Sinfonía Primer Movimiento”, una iniciativa desarrollada junto con la Orquesta Sinfónica del Mundo, mediante la cual entre 25 y 30 niños de 8 a 12 años comenzaron a aprender violín con instrumentos y docente proporcionados por la organización aliada. Quienes desarrollen un interés especial por la música podrán aspirar posteriormente a becas completas para continuar su formación.
“El impacto se construye cuando las alianzas se convierten en oportunidades reales para los niños y sus familias”.
Salud, educación y oportunidades
La fundación también ha impulsado campañas relacionadas con la salud. Dos jornadas odontológicas permitieron detectar que cerca del 60 % de los niños atendidos presentaba problemas dentales. Además, mediante una actividad de captación, alrededor de 20 personas que no contaban con cobertura de seguridad social pudieron acceder gratuitamente a cirugías realizadas en Guayaquil.
Más allá de las cifras, el trabajo de la Fundación Don Bosco se refleja en situaciones cotidianas: una madre que puede cumplir su jornada laboral mientras sabe que su hijo permanece en un espacio seguro; un niño que recibe alimentación y acompañamiento escolar; una familia que encuentra orientación psicológica; o un estudiante que descubre una nueva vocación a través de la música. Su labor busca convertir la asistencia en oportunidades de desarrollo y acompañar a la niñez desde distintos frentes, entendiendo que proteger, educar y cuidar también significa abrir posibilidades para el futuro.
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