Penipe, un lugar para vivir con dignidad
La historia de CEBYCAM-CES muestra cómo décadas de trabajo en Penipe han convertido la atención a la discapacidad en oportunidades de autonomía, empleo, familia y cuidado.
RESPONSABILIDAD SOCIAL
Periodista Andrés Martinez
10/1/20263 min leer
En Penipe, Chimborazo, el trabajo social nació frente a una realidad concreta: durante años, la zona enfrentó el bocio endémico y sus consecuencias en la salud de muchas personas. A esa condición se sumaban la falta de servicios especializados, la exclusión y la dificultad de las familias para sostener procesos de rehabilitación.
El padre Jaime Álvarez, encargado de CEBYCAM-CES, explica que la respuesta inicial fue sencilla. Desde el centro que luego sería conocido como CEBYCAM-CES se empezó a trabajar con rehabilitación basada en la comunidad, utilizando recursos accesibles: palos, llantas, pelotas y otros elementos del entorno. La idea no era esperar a que todos llegaran al centro, sino llevar la atención hasta las comunidades.
Como no había suficiente personal ni movilidad, se creó un grupo de Responsables de Salud de la Comunidad. Estas personas funcionaban como puente entre las familias y los profesionales: identificaban necesidades y conectaban a quienes requerían atención con el centro.
De la rehabilitación al trabajo
Con el tiempo aparecieron nuevas necesidades. Personas con otras discapacidades comenzaron a pedir un espacio similar. Un grupo de alrededor de veinte personas, varias con paraplejia, inició una experiencia de vida en común pensada inicialmente para durar dos meses. Al terminar ese periodo, la mayoría decidió quedarse.
La convivencia abrió otra pregunta: cómo sostener una vida autónoma. Primero llegaron actividades pequeñas para generar ingresos; luego, tarjetas tejidas a mano. Más tarde surgió una apuesta mayor: una fábrica de zapatos.
Nadie del grupo sabía fabricar calzado. Con apoyo de diócesis italianas se adquirió maquinaria de segunda mano y un grupo de zapateros jubilados viajó como voluntario para enseñar el oficio. Cuando salió el primer zapato, el proyecto empezó a cambiar no solo la economía de quienes participaban, sino también su lugar dentro de la comunidad.
Durante cerca de tres décadas, la fábrica generó trabajo y permitió que personas con discapacidad tuvieran ingresos propios. La educación también se volvió una prioridad: varios integrantes terminaron el colegio, siguieron estudios universitarios y luego encontraron oportunidades laborales en otros espacios.
Cuando la comunidad se vuelve familia
Con los años llegaron parejas, hijos y nuevas formas de convivencia. Así nacieron las llamadas Casas Familia y otras experiencias de familias vinculadas al proyecto que mantienen una regla básica: la puerta debe seguir abierta para una persona con discapacidad que necesite apoyo.
Para el padre Jaime Álvarez, esa dimensión explica la continuidad del proyecto. “El valor más fuerte que sostiene todo eso es la familia”, afirma. La comunidad deja de ser únicamente una red de servicios cuando las personas construyen vínculos, toman decisiones sobre su propia vida y encuentran un espacio al que pueden seguir llamando casa.
“El valor más fuerte que sostiene todo eso es la familia.”
Esa lógica se extendió a otros frentes. De CEBYCAM-CES fueron naciendo distintas iniciativas, entre ellas una biblioteca que reúne alrededor de 40.000 libros, espacios de salud, proyectos productivos, casas familiares y un hogar para adultos mayores.
La respuesta comunitaria también se hizo visible durante la pandemia. Álvarez recuerda que un colaborador organizó un banco de oxígeno y llegó a movilizar hasta diez tanques diarios para atender las necesidades del hogar de ancianos. Fue una red de personas movilizando vehículos, tiempo y recursos en un momento crítico.
“La gente quiere, en el fondo, colaborar y sentirse útil. Yo estoy convencido de eso.”
El desafío de cuidar hasta el final
Uno de los retos actuales está en el cuidado de los adultos mayores. El hogar atiende a 84 personas y cuenta con 20 trabajadores. Su sostenibilidad enfrenta incertidumbre por cambios en el acompañamiento de la comunidad religiosa que ha participado en su operación y por los tiempos de desembolso de recursos públicos.
Al mismo tiempo, CEBYCAM-CES trabaja en un hospital del día y en un hospice para personas con enfermedades terminales. Este último está todavía en construcción y contempla 25 habitaciones con sala y baño adaptado para personas con discapacidad. La intención es ofrecer atención en una etapa de la vida para la que, según explica el padre Jaime Álvarez, existen muy pocas alternativas fuera de las grandes ciudades.
La obra avanza de acuerdo con los recursos disponibles y no tiene una fecha cerrada de finalización. Esa forma de trabajo resume buena parte de la historia del proyecto: identificar una necesidad, buscar aliados, construir confianza y avanzar hasta convertir una respuesta puntual en una estructura que pueda sostenerse.
Después de décadas de trabajo, el impacto de CEBYCAM-CES no puede medirse únicamente en edificios, talleres o servicios. Está también en las personas que estudiaron, encontraron trabajo, formaron una familia o aprendieron a vivir con mayor autonomía. En Penipe, la discapacidad dejó de tratarse solamente como una condición que debía atenderse y empezó a formar parte de la vida cotidiana de la comunidad. Ese cambio es uno de los legados más visibles del proyecto.




Historias, entrevistas y contenidos que conectan con el Ecuador, su gente, su talento y su identidad.
Redacción
+593 99 512 4454
editorial@revistaidentidad.ec
Quito, Ecuador
© 2026 Revista Identidad. Todos los derechos reservados.
Una iniciativa de NIC.EC


