Energía fotovoltaica: energía limpia y continuidad operativa


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La continuidad operativa se ha convertido en uno de los principales desafíos para las industrias a nivel global. En un contexto marcado por el crecimiento sostenido de la demanda eléctrica, la volatilidad de los precios energéticos y los impactos del cambio climático sobre los sistemas de generación tradicionales, la energía fotovoltaica emerge
como una de las soluciones más sólidas para garantizar estabilidad, eficiencia y sostenibilidad.
A escala mundial, la energía solar vive su momento de mayor consolidación. Durante los últimos años, esta tecnología ha concentrado la mayor parte de la nueva capacidad renovable instalada, impulsada por la reducción de costos, la rapidez de implementación y su adaptabilidad a distintos entornos productivos. Para 2026, la capacidad solar instalada a
nivel global supera los 30 GW tentativamente debido al crecimiento continuo en mercados clave como China, Europa, Estados Unidos e India.

“La energía fotovoltaica se ha convertido en un pilar para la continuidad operativa de las industrias, permitiéndoles enfrentar los retos energéticos actuales con soluciones limpias, eficientes y económicamente sostenibles.” comenta Daniel Rosero, Gerente Técnico de SolarTeam
Este avance no responde únicamente a criterios ambientales. Para la industria, la energía fotovoltaica se ha convertido en una herramienta clave para reducir riesgos energéticos, especialmente en escenarios donde los sistemas centralizados enfrentan restricciones, interrupciones o presiones externas. Contar con generación propia o con contratos de suministro solar a largo plazo permite a las empresas estabilizar costos, planificar con mayor certeza y proteger sus operaciones frente a eventos imprevistos, añade el experto de SolarTeam.

La energía solar como respuesta a la vulnerabilidad energética del país

En Ecuador, esta discusión adquiere una relevancia particular. Aunque la matriz eléctrica nacional ha dependido históricamente de la generación hidroeléctrica, los eventos climáticos recientes han evidenciado la necesidad de diversificar las fuentes de energía. De acuerdo con datos del sector energético nacional, el país cuenta con una capacidad instalada superior a los 8.900 MW, mientras que la energía solar fotovoltaica representa todavía menos del 2 % del total, pese al alto potencial de radiación solar del territorio.

Actualmente, la capacidad solar instalada en el país —incluyendo proyectos conectados a la red y sistemas de autogeneración industrial— se sitúa en alrededor de 60 MW, una cifra todavía muy limitada frente a las necesidades energéticas del sector productivo. Sin embargo, los planes de expansión energética contemplan un crecimiento significativo
para los próximos años, con aproximadamente 643 MW de nueva capacidad autorizada para proyectos de generación distribuida y autogeneración renovable, y un ambicioso programa de subastas que busca adjudicar hasta 2 100 MW de nueva
capacidad de generación eléctrica, donde la energía solar tendrá un papel relevante tanto a gran escala como en proyectos distribuidos.
En ese contexto, la energía fotovoltaica permite asegurar continuidad operativa, reducir la dependencia de combustibles fósiles y mejorar el desempeño ambiental de las operaciones, un factor cada vez más valorado por mercados, inversionistas y cadenas de valor internacionales. Además, la incorporación de sistemas solares —especialmente cuando se integran con soluciones de almacenamiento— fortalece la resiliencia energética frente a cortes o restricciones del suministro convencional, evitando pérdidas productivas y afectaciones económicas asociadas a paradas no planificadas.
En un momento en que Ecuador avanza en conversaciones regionales, financiamiento internacional y cooperación para fortalecer su infraestructura energética, la energía fotovoltaica se posiciona no solo como una alternativa limpia, sino como una decisión estratégica para la competitividad industrial del país.


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