Mujeres poderosas, Rosalía Arteaga inspira a futuras lideresas a través de la educación

Rosalía Arteaga, destacada figura política ecuatoriana, ícono de la educación, con una notable trayectoria como abogada, activista social, escritora y política. Fue la primera mujer Presidenta y Vicepresidenta Constitucional de la República del Ecuador, ocupando también roles destacados como Viceministra de Cultura y Ministra de Educación, Cultura y Deportes.

 

Su contribución literaria se refleja en la publicación de 15 libros que abarcan ensayos, prosa poética, poesía, cuentos y literatura para niños y jóvenes, consolidándose como una autora multifacética.

 

¿Cómo ha evolucionado la participación de las mujeres en la política ecuatoriana desde su presidencia?

 

La participación de las mujeres en la política ecuatoriana ha avanzado mucho en los últimos años. En primer lugar, se han aprobado leyes que garantizan la paridad de género en las candidaturas presidenciales y en los gabinetes ministeriales.

 

Cuando yo participé en política, no existía ni siquiera una ley de cuotas. Era una novedad que una mujer se postulara a concejala. Ahora, la paridad de género es un tema que se discute en todos los espacios políticos.

 

 

Creo que este cambio también ha contribuido a cambiar la percepción de la gente sobre las mujeres. Ahora, se reconoce que las mujeres podemos participar en todos los ámbitos de la vida, no solo en la política, sino también en empresas, ONGs y otras organizaciones.

¿Cuáles han sido sus desafíos más significativos durante su trayectoria profesional?

 

Mi participación política fue muy breve; fui concejal, pero consideraba eso más como una participación cívica. Desde el momento en que ingresé a la política nacional en 1992 como subsecretaria de cultura, solo pasaron cinco años hasta que llegué a ser presidenta y vicepresidenta de Ecuador.

 

A veces, pienso que fue imperdonable para una vieja clase política que no concebía que una mujer participara, y menos aún si era joven y con una trayectoria relativamente corta.

 

En cuanto a los retos, diría que el más significativo de mi vida fue cuando di a luz a mi segundo hijo, Jerónimo, un niño con síndrome de Down. En esa época, la gente ni siquiera quería sacar a sus hijos a la calle debido a las limitaciones existentes. Por supuesto, siempre ha habido excepciones, pero yo era una mamá muy joven.

 

De repente, la vida cambiaba con un niño con síndrome de Down. Al principio, me cuestionaba por qué me tocaba a mí, como reclamando a la vida por estas circunstancias. Sin embargo, luego llegué a la compresión real de que era un niño muy aceptado en torno al cual girarían nuestras vidas.

 

Desafortunadamente, falleció a los 10 meses de nacido. Sentí que el mundo se me venía abajo; tenía deseos de morirme, pero al mismo tiempo sabía que tenía que vivir, tanto por el hijo que ya tenía como por la hija que estaba gestándose, ya que estaba embarazada de mi hija Manuela.

Es evidente que ese fue el mayor reto que enfrenté en mi vida. Después, la vida me presentó otros desafíos: la participación política y la pérdida de la presidencia de la república por ser mujer. Fue un reto enorme, y la vida continúa presentándonos desafíos diarios, tanto en el trabajo diario como en el ámbito familiar y en el mundo de la literatura, al cual también me dedico. Siempre estoy pensando que le robo tiempo a la literatura al dedicarme a otras cosas, pero así es la vida, y lo hago con entusiasmo.

¿Cuál es su mensaje a las mujeres líderes de Ecuador que han sido inspiradas por Rosalía Arteaga?

 

Primero, les diría que deben prepararse. Desafortunadamente, vemos muchos casos de improvisación que desgastan a las figuras políticas porque no están preparadas al asumir una responsabilidad democrática, representativa y política.


Luego, resistencia, porque es indudable que siempre hay una serie de obstáculos en la vida tanto de hombres como de mujeres. Tal vez a las mujeres nos cuesta más; siempre recuerdo a esa embajadora de EE.UU, la primera mujer embajadora, que decía: «Las mujeres tenemos que trabajar el doble para ser reconocidas como iguales».

 

Creería que eso todavía sigue ocurriendo; las
mujeres trabajamos más porque no dejamos de ocuparnos de los temas de la casa y de los hijos. Aunque ahora hay una mayor participación de los hombres y los padres, el mayor reto sigue recayendo en las mujeres.

n mi experiencia, las mujeres jóvenes llevan una doble carga porque se dedican a su carrera profesional y, al mismo tiempo, se preocupan por su hogar. Además, muchas de ellas realizan voluntariado, lo que supone un mayor desgaste. Por eso, les animo a tener resistencia y persistencia cuando persiguen sus ideales.

 

Ahora se habla mucho de tener un propósito y ser consecuente, ser coherente. Sin embargo, otra cosa que yo les digo es que el fin no justifica los medios, y esto es real. No porque queremos llegar a una posición vamos a sacrificar los valores y la ética. Creo que siempre debemos mirar la forma en la que llegamos y cómo salimos. También es otra de las cosas de las que yo siempre les digo: a veces es más fácil entrar que salir. Salir requiere también una forma de hacerlo en la que no ensuciemos nuestro nombre; no pensemos que de cualquier manera podemos mantenernos en un cargo. Los principios están primero.

 

¿Cuál es su misión desde la parte educativa ahora asumiendo la presidencia de la fundación?

 

En mi caso, la educación se cruzó en mi camino. Cuando estudiaba en el colegio, nunca pensé que iba a ser profesora. Sin embargo, cuando me gradué de bachiller, la rectora del colegio me propuso que fuera profesora. Realmente me sorprendí ante la propuesta, pero después dije: «bueno, a lo mejor lo hago por un tiempo». Al mismo tiempo, iba a estudiar Derecho, es decir, ni mi carrera estaba orientada al magisterio. Sin embargo, me encantó, y me quedé casi 20 años como profesora en un colegio. Solo dejé de dar clases cuando vine a Quito como subsecretaria de cultura.

 

Desde entonces, nunca dejé de considerarme una maestra, a pesar de que ya no dicto clases en una universidad o en un colegio. No obstante, imparto muchas conferencias, participo en paneles, mesas redondas y doy charlas. Pasé por el Ministerio de Educación, donde también me tocó ser la primera mujer ministra en esa época.

 

Actualmente, sigo trabajando no solo en Fundación Fidal. Soy presidenta de UNIR, la Universidad Internacional de la Rioja en Ecuador. También soy miembro del Consejo de Regencia de la Universidad de Otavalo y del Consejo de Regencia de la Universidad SEK. Además, brindo asesoría a un consejo internacional en la Universidad de Miami.

 

Haber sido la secretaria general de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica con sede en Brasil y también haber sido miembro del Consejo Editorial de la Enciclopedia Británica y del Directorio de la Biblioteca de Jandria son cosas que parecen un sueño. Siempre quise tener la Enciclopedia Británica, y cuando me llegó la propuesta de ser miembro, dije: «Dios mío, esto es algo que no lo había soñado».

 

Lo mismo sucedió con la Biblioteca de Jandria. Quería conocer Egipto, pero no pensé que iría tantas veces y que tendría una participación en esta biblioteca, la más antigua del mundo. La educación es algo que llevo en mi sangre, y no pienso dejar de preocuparme por ella.

 

Ahora, en Fundación Fidal, realizamos un concurso para premiar a los mejores maestros de Ecuador y de Iberoamérica, con el objetivo de mejorar su autoestima y la calidad de la educación.

 

La educación es mi pasión y estoy comprometido con ella. Por eso, invito a los jóvenes de 18 a 35 años a participar en nuestra escuela de liderazgo, que ofrece 60 cupos gratuitos cada año. También estoy trabajando en la reconstrucción de una antigua casona en el centro histórico de Quito para crear el primer museo o biblioteca ambiental de Ecuador. Este proyecto, que lleva más de 10 años en marcha, es una oportunidad para que los jóvenes se interesen por la ciencia y el medio ambiente.

 

¿Cómo considera que se puede potenciar desde la educación una cultura de innovación tecnológica en el país?

 

Hay que trabajar desde los más pequeños. Nosotros tenemos un proyecto que se llama IETEP, ética, ciencia, tecnología, ingeniería y matemática. Lo desarrollamos gracias a una alianza inicial con una academia de ciencias de Nueva York, que ha contado con miembros como Albert Einstein y otros premios Nobel. Por esas casualidades de la vida, tuve contacto con el director de la academia y logramos trabajar en un modelo para enseñar ciencias en la escuela. De esta forma, instruimos a los profesores para que enseñen a los alumnos y no sientan que matemáticas es aburrido y que física y química no sirven para nada. Lo que necesitamos es formar una base de científicos puros en matemáticas y biología, en general en la ciencia. Nosotros le metemos el componente ético porque pensamos que la ciencia sin ética también puede destruir el planeta.

 

Ecuador, como la mayor parte de países de América Latina, no tiene un número importante de científicos y por eso es que sentimos que estamos en la parte trasera del mundo. Llevamos algunos años trabajando con profesores, sin embargo, también trabajamos con grupos de niños y adolescentes para conseguir que haya más científicos. Creo que es importante que el Ministerio de Educación incluya temas de ciencia en su malla curricular, y que se forme a los maestros para que puedan enseñarlos de manera efectiva.

 

Por otro lado, creo que es importante generar estímulos para atraer científicos, como salarios competitivos y reconocimiento por su trabajo. También se podrían crear premios en ciencias que incentiven a los jóvenes a desarrollar su interés por la ciencia. Además, es necesario promover el intercambio entre científicos ecuatorianos y de otros países.

 

En particular, estamos desarrollando una aplicación para el aprendizaje de matemáticas con el apoyo de un joven científico ecuatoriano graduado en el Caltech, Alex Hermes. La aplicación ya se está probando en las provincias de Azuay y Pichincha, pero siempre necesitamos más recursos para seguir desarrollando nuestro trabajo.

 

En general, el camino de la ciencia, como el de la paz y la no violencia, pasa por la educación. Sin embargo, los frutos de la ciencia no se cosechan al día siguiente. Esto puede ser frustrante, pero es importante tener paciencia y perseverancia.

 

Como en la agricultura, hay que pasar etapas. Yo creo que a veces eso es lo que los gobiernos no comprenden y por eso piensan que los presupuestos de educación son un gasto, cuando realmente deberían ser considerados como la mayor inversión que puede hacer un país.

 

¿Cuáles serían los enfoques clave que debería adoptar el Ecuador para fomentar la integración efectiva de la tecnología?

 

El Ecuador debe invertir en ciencias puras y aplicadas para desarrollar tecnologías que resuelvan problemas nacionales. Las instituciones tecnológicas pueden desempeñar un papel importante en este proceso, estimulando soluciones para desafíos como la agricultura, la biodiversidad y la acuicultura.

 

Es importante que existan incentivos para desarrollar proyectos sostenibles que no dañen el medio ambiente. De esta forma,protegemos nuestros recursos naturales y garantizamos el futuro de nuestro país. Por ejemplo, podemos desarrollar tecnologías para mejorar la producción de banano, café, cacao, rosas y macadamia de manera sostenible. También debemos invertir en educación dual para que los jóvenes aprendan un oficio y puedan contribuir a la economía.

 

Los adolescentes que terminan el bachillerato a menudo no saben qué hacer con sus vidas. La única opción que se les presenta es la universidad, pero no todos tienen la capacidad económica o las ganas de seguir estudiando. Además, algunos ya han aprendido un oficio, como programación o mecánica.

 

Por eso, es importante promover la educación dual, que combina la formación teórica con la práctica en empresas privadas o públicas. Esta modalidad de educación puede ayudarlos a encontrar un trabajo y a desarrollar sus habilidades.

 

Este método ha tenido éxito en países como Alemania y Suiza. En Ecuador, se están realizando algunas experiencias piloto, como la que se está llevando a cabo entre la Cámara de Industrias de Cuenca y algunos colegios. Esta iniciativa brinda a los estudiantes la oportunidad de adquirir habilidades prácticas para el mundo laboral, mientras también se preparan para la universidad, si así lo desean.

 

¿Qué mensaje les daría a los ecuatorianos que desean educar e innovar?

 

La digitalización y la virtualidad son tendencias que han llegado para quedarse. Vivimos en un mundo tecnologizado, y todos, incluso quienes no nacimos en esta era, debemos adaptarnos.

 

Es cierto que la inteligencia artificial y el internet de las cosas pueden generar temor, pero también son oportunidades para construir un mundo mejor, con mayor participación y equidad en el acceso a la tecnología. Por eso, es importante prepararse para el futuro digital.

 

No importa si a veces fallamos. El famoso creador de los pollos fritos, Kentucky Fried Chicken, fracasó en cientos de negocios antes de encontrar el éxito. Debemos ser resilientes, no perder el entusiasmo y no dejarnos vencer por las circunstancias.

 

 

A veces, el éxito llega después de muchos intentos. Por eso, es importante perseverar. En el mundo digital, tenemos la ventaja de estar en contacto con personas de todo el mundo. Podemos formar equipos transnacionales y multidisciplinarios. Aprovechemos estos avances tecnológicos y las oportunidades que nos brindan los dominios y los portales para dar a conocer nuestros emprendimientos, productos y sueños.

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